Algunas flores crecen en las dunas

Desde que comenzó la primavera cada vez veo más clara la antítesis de mi vida y del mundo en general. Que ya no todo es lo que era, o si lo es, pero buscamos algo distinto. El placer de lo contrario, la obsesión por el inconformismo, la búsqueda de un imposible.

Que a mí lo que me impresiona es que las flores crezcan en las dunas, que las enfermedades se curen, que las distancias se acorten, que el oxigeno se revalorice, que la historia de una persona que vino hace 2000 años siga moviendo a la gente, que se cocine con humo y tubos de laboratorio, que hagan vaqueros con botellas de plástico, existan tribus desconocidas y que aunque pasen los meses, e incluso los años, vuelvas a casa y puedas tomarte la cerveza de siempre con la gente de siempre. Eso sí que es extraordinario.

Quizás todo consista en eso, en dejarse sorprender, en seguir buscando, en luchar por batallas imposibles, en nunca dejar de andar. Que todas esas incongruencias son las que nos hacen felices.

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