“There are two reasons why people don’t talk about things; either it doesn’t mean anything to them, or it means everything.”

Tienes una caja. Esa caja es cuadrada, de cartón marrón. Una caja estándar. La caja está enfrente de ti. Siempre lo ha estado. Has crecido con ella. No tiene nada de particular, no te llama la atención. De hecho, nunca te has parado a pensar en ella. Siempre ha habido otro tipo de cajones, cofres o arcas más diversos y coloridos, más grandes y más pequeños, en los que centrar tus pensamientos.

Has hecho uso de otros baúles, algunos eran muy útiles, colocaste todas tus pertenencias, te acomodaste a ellos. Algunos te sobraron, otros los encontraste en el momento oportuno, pero nunca te has quedado con ninguno de ellos. Dejaste parte de tus pertenencias en los cambios, perdiéndolas para siempre. Nunca has sido buena con las mudanzas.

Sin embargo, esa caja siempre ha estado frente a ti. Siempre. En algún momento de tu vida echaste un vistazo dentro de ella, pero no sabes muy bien por qué, nunca has querido o no has tenido la oportunidad de sacarle partido.

Hace no mucho te mudaste, esta última mudanza fue definitiva. De esas que te agotan y te cansan tanto que piensas “nunca más”. Que vaya a donde vaya, allí me voy a quedar. Te costó mucho recuperarte de este último cambio, estabas exhausta, muchos días de dormir hasta que era la hora de comer.

Desde esa última mudanza no has vuelto a ver cajas. Te organizas las cosas en tus propios armarios y por ahora no has necesitado espacio extra. Pero hubo un día en el que te diste cuenta que la caja marrón ya no estaba allí. Al principio te agobiaste mucho. Pensaste que alguien había entrado en tu casa y te había robado. Luego pensaste que quizás la habías movido de sitio y te pegaste días y semanas buscando. Cuanto más tiempo pasaba más deseos de encontrarla tenías. El simple hecho de no tenerla frente a ti te creaba una inseguridad inexplicable. Una necesidad que no sabías que tenías.

Un día dejaste de buscar. Pero el recuerdo no ha desaparecido. No sabes donde estará, ni si quiera sabes si alguien la encontró y la está usando. El simple hecho de pensarlo te provoca un miedo terrible a perderla. Era tu caja. Y encajaba con tu vida. Y sabes que si tienes la oportunidad tratarás por todos los medios traerla de vuelta y darle uso. Porque ahora nada tiene sentido sin esa caja. Sin esa maravillosa caja.

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